CAPITULO VII
LOS TIEMPOS DEL FIN
Otra noche, la más pura, la más callada... El viejo
místico aprovechando el sueño de su cuerpo, abandonó su envoltura corpórea y se
fue a los mundos superiores. Aquí en
México tenemos nosotros el PETOYE cactus maravilloso. Mascando ese vegetal se
despierta la clarividencia instantáneamente y entonces podemos salir en cuerpo
astral a plena conciencia. Allá en Sur América existe el famoso YAGUÉ que nos
permite salir en astral. Esa planta solo se consigue en las Selvas del Amazonas
o en los Llanos Orientales.
ORAMAMME rogó a un Gurú que le enseñara los tiempos
del fin. Entonces viendo con conciencia de un futuro, el viejo místico entró en
un salón donde anunció ante el auditorio un gran cataclismo que se aproxima.
Hablaba el místico con conciencia profética, anunciaba el místico un choque de
mundos. Un mundo se acerca, se aproxima, y cuando los hombres intenten poner
bajos sus pies a otras humanidades planetarias entonces sucederá el gran
cataclismo inevitable. Ese será el fin. Cuando esa masa planetaria atraviese
nuestra atmósfera terrestre, se incendiará en fuego vivo y al caer sobre
nuestra Tierra quemará con fuego todo aquello que tenga vida. Habrá entonces un
terremoto tan grande, cual nunca lo hubo antes desde que existen hombres sobre
la Tierra.
“Cuando el acontecimiento se realice, no se hallará
una sola Alma que ponga en duda su venida. El acontecimiento descenderá a los
malvados y elevará a los virtuosos. Cuando tiemble la tierra con violento
temblor, las montañas volarán en pedazos y se tornarán como el polvo disperso
por todas partes. Cuando vosotros los hombres estéis divididos en tres tropas,
entonces habrá hombres a la derecha (las ovejas) y hombres de la izquierda (los
cabritos) y los últimos (los selectos) serán los primeros. Estos serán los más
inmediatos a Alá; habitarán en el jardín de las delicias; habrá un gran número
de estos entre los antiguos y sólo un pequeño número de entre los modernos.
Descansarán en asientos ornados de oro y pedrerías, reclinados y colocados uno
frente a otro; entorno a ellos circularán jóvenes eternamente jóvenes con
cubiletes, garrafas y copas llenas de una límpida bebida que no les producirá
ni dolor de cabeza, ni aturdimiento, con frutos que escogerán a su gusto y
carne de esos pájaros que les gustan tanto. Tendrán bellezas de grandes ojos
negros, bellezas semejantes a las perlas cuidadosamente ocultas. Tal será la
recompensa de sus obras. No se oirán palabras frívolas, ni dichos que produzcan
pecado. Sólo se oirán las palabras: ¡Paz! ¡Paz! ¡Paz! Los hombres de la derecha
(¡Oh! Los felices hombres de la derecha) permanecerán entre los árboles de
lotos sin espinas y bananos cargados de frutos desde la cima hasta abajo, bajo
sombras que extenderán a lo lejos cerca de una agua corriente en medio de
frutos en abundancia que nadie cortará y a los que todos se podrán acercar y
descansarán en elevados lechos. Nosotros en una creación aparte hemos creado
las bellezas del paraíso, hemos conservado en virginidad. Queridas de sus
esposos y de un ángel igual al suyo serán destinadas a los hombres de la
derecha. Habrá un gran número entre los antiguos y un número entre los
modernos”. (Sura LVI vs. 1 al 39 y 76 a 77 Corán)
Estos versículos del Corán confirman nuestra profecía
sobre los tiempos del fin. El viejo místico profetizaba la gran tragedia.
El viejo místico hablaba y las gentes se reían de él.
Viviendo con conciencia de futuro el anciano anduvo por las calles de una gran
ciudad anunciando los tiempos del fin. Nadie le creía, todos se burlaban del
místico.
Esa ciudad era Babilonia la grande, la madre de todas
las fornicaciones y de todas las abominaciones de la Tierra. El solitario en su
Cuerpo Astral entró a un laboratorio científico. Allí vio el anciano a un gran
gigante acostado en el suelo. Ese gigante tenía el aspecto de un gran
intelectual. El gigante dormía y los científicos le extraían la energía atómica
del cerebro y del corazón. Ese gigante es el coloso atómico de nuestro mundo
terrestre. Duerme y quiere despertar, empero con ciertos instrumentos le
extraen la energía atómica del cerebro y del corazón. El viejo iniciado sabía
que si el coloso llegara a despertar acabaría con los científicos y con el
mundo entero. Los científicos serían víctimas de su propio invento. Así lo
comprendía el anciano, así lo entendía. El viejo anduvo luego por las calles de
la gran ciudad cuyo número es 666, y vio una gran torre de cristal que llegaba
hasta el cielo. Hueca torre de frágil cristal, traición al Eterno, pronto será
quebrantada. Esa es la Torre de Babel que amenaza a los cielos estrellados. Esa
torre está representada por la ciencia materialista que odia a Dios. Por entre
esa hueca torre de frágil cristal vio el místico aviones-cohetes maravillosos
que subían y bajaban. Aviones-cohetes capaces de llegar a la Luna y a los otros
mundos habitados. La especie humana estaba llena de soberbia y orgullo.
Entonces algo terrible sucedió. Despertó el coloso atómico y se vieron cosas
horribles. Las camadas superiores de la atmósfera terrestre alteradas por las
explosiones atómicas dieron origen a terribles terremotos y espantosos
maremotos. Las ciudades caían como castillos de naipes al suelo. Olas
monstruosas nunca vistas azotaban las playas y había un sonido extraño en la
mar. Por donde quiera, lamentos, hambre, miseria, guerras atómicas, enfermedades
terribles ocasionadas por la radioactividad. Y cuando el místico contemplaba
todo esto, un mundo se acercó a la Tierra y al caer sobre nuestro globo
planetario quemó con fuego todo aquello que tenía vida, y hubo un terremoto tan
grande cual nunca lo hubo jamás desde que existen hombres sobre la Tierra.
Entonces fue el fin. El místico contemplaba todo eso mirando en el futuro, se
vio junto con otros dos Maestros ayudando a salvar a los justos. Y del fondo
del mar surgieron nuevos cielos y nuevas tierras donde morará la futura gran
raza llamada la RAZA DE KORADHI.
Antes del cataclismo serán salvados secretamente los justos.
Otra noche, el viejo iniciado vio inmensas multitudes
de seres humanos entrando en las grandes ciudades. Humanos de Venus, de Mercurio
y de Marte. Los venusinos encabezaban el desfile. Pusieron sus discos voladores
sobre camiones nuestros. Y eran bellos de rostro y pequeños de estatura. Los
Mercurianos eran algo más altos y llenos de gran sabiduría. Los Marcianos de la
misma estatura nuestra, pero menos sabios. (Hombres de conciencia futura, eso
es todo) Entonces el místico entendió que antes del gran cataclismo final
seremos visitados oficialmente por otras humanidades planetarias y advertidos
muy severamente. Si no obedecemos entonces será el fin, empero se nos dará la
oportunidad para escuchar LA LEY Y EL
ORDEN. Empero el hombre de la Tierra no escuchará y caerá bajo el filo de
la espada de la Justicia Cósmica. Los hombres se han lanzado a la conquista del
espacio. Ya estamos a punto de conquistar la Luna. Dentro de muy pocos días
veremos al hombre en la LUNA. Esto es
inevitable. Cada paso que demos en la conquista del espacio estrellado nos
acerca al fin. Las bestias humanas no tienen derecho a sojuzgar otras
humanidades planetarias.
Cuando el hombre acabe con la fornicación y el
adulterio, cuando el hombre se humille ante el Eterno, entonces realmente se
habrá ganado ese derecho a la navegación interplanetaria. Empero el hombre
quiere conquistar los espacios estrellados a la brava, a la fuerza y el
resultado será la caída de la Torre de Babel con la cual hoy como ayer amenaza
los cielos estrellados.
El año 1.960 significa algo muy grave para el mundo.
En el sesenta caerá una torre fulminada y entonces el clero católico sufrirá
mucho. Los rusos están a punto de conquistar la Luna. El ser humano caminará
por ese satélite y hallará que en la cara invisible de la Luna hay vida
vegetal, mineral, animal, etc. La Luna es rica en petróleo. La guerra entre el
Este y el Oeste es inevitable. Habrá guerra atómica, se pelearán en la tierra,
en las aguas, en los aires, etc. Los ejércitos orientales invadirán América del
Norte por el Estrecho de Bering. Estados Unidos será vencido y Nueva York será
convertida en cenizas dentro de muy poco tiempo. Las explosiones atómicas
alterarán la camada superior de la atmósfera terrestre. Entonces ya no podrá
filtrar los rayos solares y veremos el Sol de un color negro. La Luna será roja
como sangre porque se la tomarán los rusos. Así se cumplirá todo lo que el Cristo
anunció para el fin de los tiempos. Los tiempos del fin ya llegaron y estamos
en ellos. Las lluvias traerán graves inundaciones por todas partes. El hielo de
los polos se está derritiendo. El deshielo de la capota polar traerá frío y
terribles inundaciones. Ese es el resultado de las explosiones atómicas. El
Vaticano está a punto de ser destruido. El Papa Juan XXIII andará por distintos
lugares del mundo. Todas las conferencias de paz y todos los arreglos
diplomáticos fracasarán inevitablemente. Todos los países de la Tierra serán
sacudidos por grandes terremotos. Un mundo gigantesco se acerca a la Tierra y
verticalizará el eje terrestre. Entonces veremos escenas dantescas. Cuando ese
gigantesco orbe kármico se acerque demasiado a la Tierra, todo ojo lo verá y
entonces el hombre enviará un maravilloso cohete bien tripulado con gente
científica que llegará a la LUNA. Ese
gigantesco orbe kármico traerá guerras a muerte y se llevará al abismo a los
perversos de este siglo.
Rusia y los Estados Unidos no podrán arreglar nada y
al fin irán a la guerra y a la muerte. En el año 1.962 comienza la nueva Era de
Acuario. La Nueva Era significa el advenimiento del Cristo, y la caída de esta
gran Babilonia... La muerte de esta raza perversa y un cataclismo espantoso.
Empero esta vez, los justos no pagarán por los
pecadores. Esto sucedió ya una vez y ese tiempo pasó. Un mundo que se atrevió a
crucificar al CRISTO está de hecho
absolutamente fracasado. SERÁ DESTRUIDO.
Empero los justos serán salvados secretamente. De
estos justos saldrá la futura gran raza.
Habrá cielos nuevos y tierras nuevas para los justos.
Justos son los castos. Todo aquel que derrame el semen aunque sea casado, es de
hecho por tal motivo un violador de la ley, un fornicario; para ellos, para los
fornicarios: el abismo y la muerte segunda. Esa es la Ley. Que se preparen los
gnósticos para la gran catástrofe que se acerca. El día ni la hora nadie la
sabe, sino el PADRE. Empero esto está
ya a la puerta.